Línea Editorial
CARTA 03
“El emprendimiento como motor de cambio”
Siempre he tenido alma de emprendedora.
No es algo que apareciera con el tiempo ni por necesidad; estaba ahí desde siempre. Emprender nunca me dio miedo. Quizá porque he tenido una suerte enorme y siempre he contado con el apoyo de mi familia.
Mi primer negocio nació casi como un juego. No había presión ni expectativa. Era curiosidad, ilusión, la sensación de estar creando algo propio sin pensar demasiado en las consecuencias. En ese momento, emprender no era una decisión vital, sino una forma natural de expresarme.
Sin embargo, años más tarde, cuando tomé la decisión de dejarlo todo para montar mi empresa de alquiler vacacional, sí apareció el miedo.
Pero no era miedo a emprender, sino el miedo a estar perdiendo el tiempo, a que no supiera hacerlo bien, a que no saliera. A invertir energía, ilusión y años de mi vida en algo que quizá no funcionaría. Y, aun así, había algo que tenía clarísimo: no podía seguir trabajando para nadie.No era una cuestión de ambición ni de ego, sino una certeza interna: continuar como asalariada ya no era una opción.
Ese fue el primer gran cambio que trajo el emprendimiento a mi vida:
No me enseñó a arriesgar, sino a escuchar lo que ya sabía de mí misma.
Emprender genera muchos cambios. Cambios en el tejido empresarial —aparece un nuevo competidor—. Cambios personales —nuevos horarios, más responsabilidades, objetivos distintos, habilidades que antes no sabías que tenías—. Pero, sobre todo, emprender genera el cambio de uno mismo.
Cuando veo a mis hijos decir: “mamá, yo solito”, algo dentro de mí se reconoce en esa frase. Porque emprender es algo muy parecido. Es decirle al mundo:
“Eh, mundo… yo solita.”
Independientemente del resultado, la mera decisión ya transforma. Has sido capaz de dejar algo seguro para embarcarte en una nueva aventura, a pesar de las consecuencias…. muchos lo llaman locura… yo lo describo como VALENTÍA , y esa valentía es un rasgo que compartimos todos los emprendedores.
Hay un momento muy concreto que nos une: ese instante de vértigo en el que cierras los ojos y dices…“¡Allá voy!”
Para algunos es miedo. Para otros, pura adrenalina 😜.
Pero desde ese momento, ya no vuelves a ser la misma persona.
Emprender es una montaña rusa, llena de caídas libres y subidas interminables. De ilusión y de desesperación 😩. De lucha constante y de pequeñas victorias invisibles. Y, aun así —o quizá por eso—, esa sensación de avanzar, de intentarlo, de pelear por algo que es tuyo, es lo que hace que un empresario se sienta vivo, útil, alineado consigo mismo. Satisfecho.
El emprendedor es motor de cambio de todo su entorno.
Pero, sobre todo, es motor de su propio cambio.